La Covid-19 provocó un aislamiento permanente por dos años, del que apenas se está saliendo. En ese intento de retorno a la normalidad, niños y jóvenes regresan a sus aulas, entre risas e ilusiones. Pero, en medio de esa alegría, hay un tema que reaparece entre las principales preocupaciones: el bullying o acoso escolar. Es por ello que, El Encuentro busca sumarse a una campaña para combatir este lastre social.
Las cifras son reveladoras, solo entre 2014 y 2020 hubo 10.616 denuncias receptadas en el sistema educativo nacional. Una situación alarmante y que por ende busca erradicarse. Desde el año pasado rige la reforma a la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI). En el 8vo capítulo detalla aspectos de protección de derechos. El artículo 63 es más específico y manifiesta que, es obligación de todos los integrantes de la comunidad educativa que presencian un acto de vulneración de derechos contra estudiantes y otro miembro, denunciarlo ante la autoridad, en no más de 48 horas.
Son medidas positivas para Carla Reinoso, psicóloga educativa y consejera estudiantil en Shakespeare School, pues trazan protocolos legales frente a este mal. Sin embargo, cree que es necesario tener muy claro qué es el bullying. En definitiva, es una situación de abuso de poder, en donde existe un desequilibrio en la fuerza de una persona, que no solo es física, sino también emocional y psicológica. A lo que se agrega una intención de hacer daño, que se vuelve recurrente en el tiempo. Caso contrario se considera un conflicto interpersonal entre pares.
Según Reinoso, es necesario entender que el bully (acosador) es también otra víctima, pues su actitud proviene de un contexto poco saludable. La consejera estudiantil explica que el enfoque debe ser restaurativo y no punitivo. En su experiencia los acosadores surgen de ambientes familiares bruscos, donde se minimizan los afectos y se exige un comportamiento duro. Es necesario dejar atrás prácticas normalizadas: por un lado, decir a los hijos que es malo pegar o abusar de alguien, mientras por el otro se los golpea para ‘educarlos’, eso crea una falta de claridad en la convivencia social.
Los síntomas del acosado
Reinoso aconseja a los padres mantenerse atentos sobre cualquier cambio en sus hijos. Habitualmente, el afectado presenta irritabilidad, ausencia de apetito y trastorno del sueño. El humor suele ser muy volátil. En casos más graves aparecen síntomas de moretones en el cuerpo y nerviosismo cuando está frente a alguna persona en particular. El rechazo a asistir a clase es evidente y el rendimiento académico baja cuantitativamente. Si el tema no se trata a tiempo, el afectado podría tornarse ansioso, con cuadros de depresión severa e intentos de suicidio.
Cómo deben reaccionar los padres
La experta sugiere que lo más importante es mantener un canal de diálogo abierto y sin juzgamiento con los hijos. Confiar en ellos y cerciorarse de que están siendo víctimas de acoso. En ese caso, reportarlo inmediatamente al Departamento de Consejería Estudiantil o a la autoridad competente. En ningún caso, se recomienda hablar con los padres del bully, pues esto podría interferir en los procesos que sigue la institución educativa. Una vez hecha la evaluación del caso, se podría recomendar sesiones de terapia para padres e hijos, dependiendo de la gravedad.
Las Consecuencias
Con el afán de demostrar las serias secuelas que deja el bullying en quienes lo padecen, El Encuentro ha recogido dos testimonios al respecto:
Una cirugía, el resultado del acoso escolar
La vida escolar de Julián (nombre ficticio) cambió radicalmente cuando ingresaron compañeros nuevos a su grado. Cinco niños, de los recién llegados, empezaron a hacerle la vida imposible. Le decían que tenía orejas grandes, que su nariz era fea, hasta el punto de llamarlo ‘la rata’. A su corta edad de 10 años, Julián no sabía qué hacer y, ahora como adulto, acepta que el primer error fue no contárselo a nadie.
Sus acosadores no le permitían jugar fútbol en el recreo. Cuando lo veían en el bar, no le dejaban comprar. Julián se tornó ansioso y su rendimiento académico decayó. La escuela se convirtió en un verdadero tormento y tuvo pensamientos suicidas. Las secuelas de lo vivido perduran. Como adulto recurrió a cirugías estéticas en su nariz y orejas. Admite que para él nunca ha sido fácil acercarse, con confianza, a alguien que le guste porque asume que no es físicamente atractivo.
Los padres, un puntal para terminar con el bullying
Daniel Gudiño asegura que su hijo (9 años) es muy tranquilo y respetuoso. Incluso, extrovertido pues ha participado en comerciales de TV. Un día su madre lo descubrió cortándose las pestañas. El pequeño le confesó que lo hacía porque una compañera le decía que tiene pestañas de mujer. También, le contó que otro niño lo golpeaba durante los recesos. Daniel habló con su hijo, quien reaccionó y logró parar a sus acosadores. La situación no pasó a mayores y los niños ahora son amigos. Pero, Gudiño cree que la labor de los padres es vital. ‘No puedes hacer de la tecnología una niñera, ahí están expuestos a un sinfín de violencia’, asegura. Es deber de los padres guiar a sus hijos y explicarles que no pueden abusar de nadie, que eso no está bien. Más aún, ‘cuando hemos salido de un aislamiento provocado por la pandemia, tras lo que muchos niños no saben relacionarse, de una forma adecuada’, concluye.
Datos y Cifras
Entre 2014 y 2020 hubo:
2092 denuncias relacionadas con docentes y autoridades.
165 acusaciones contra personal administrativo y de limpieza.
1336 denuncias contra estudiantes
7023 denuncias relacionadas con presunta violencia sexual.
En Latinoamérica 7 de cada 10 niños padecen de bullying, en medidas moderadas o extremas.
